Me recuesto y él se cierne sobre mí, sus poderosos músculos se tensan y se contraen con cada embestida. Con una mano, me agarra las muñecas y las mantiene juntas sobre mi cabeza, con un agarre firme como el acero. La otra permanece sobre mi clítoris, sus dedos resbaladizos por mi humedad, rodeándolo y presionándolo como necesito.—Por favor —gimo—. Sasha, Dios mío.—Pídelo.— Es una exigencia, no hay negociación. Disminuye la velocidad de sus embestidas a un ritmo lento y tortuoso, llevándome al límite y manteniéndome allí. Me dan ganas de gritar. —Suplícame que te deje llegar al clímax, Gabriella.—Hay algo en la forma en que pronuncia mi nombre, ese tono posesivo, como si fuera de su propiedad, que me hace apretar aún más los dientes. Una parte de mí, una parte obstinada, quiere mandarlo a paseo. Pero estoy demasiado perdida para resistirme.—Buena chica.—Sus palabras me provocan una nueva oleada de calor. Sus dedos se mueven más rápido sobre mi clítoris, frotándolo en círculos apre
Leer más