Lentamente, me apartó de su cuerpo. Acomodé la boca, con la mandíbula un poco dolorida por el esfuerzo.
—¿Eso se siente bien?—, pregunté.
—Fue perfecto. Ahora, ven aquí.—
Valentino soltó una risita al ver el sujetador negro de tirantes que llevaba debajo.
—¿Te estabas vistiendo para un vuelo o para ir al gimnasio?—
Me reí. —Es lo mismo, ¿sabes? La ropa deportiva es comodísima—.
—¿Entonces a qué esperas?—
Respondió a mi pregunta con rapidez, quitándome el sujetador y arrojándolo también al suelo