Ansiosa por encontrar algo que me permitiera posponer el papeleo, saqué rápidamente mi teléfono y revisé la pantalla. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al ver que era una videollamada de mi hermana, Verónica.
—¡Hola, hermana!—, dije, extendiendo el teléfono frente a mí. —¿Qué pasa?—
Verónica apareció en la pantalla, con una expresión de escepticismo en el rostro. Bastó con mirarla para saber que éramos parientes. Teníamos el mismo cabello y los mismos ojos oscuros; la única diferencia entre nu