La hora del desayuno llegó con olor a café recién hecho, pan tostado y mar.Era, técnicamente, el primer desayuno de Ares como hombre casado, como esposo de Pilar, como padre a punto de serlo por segunda vez, los Zabet podían llamarle, luna de miel, viaje familiar o retiro romántico; daba igual, porque todo estaba en su sitio, la mujer que amaba, su hijo, el mar griego de fondo, la familia cerca.Todo, menos una cosa.Y eso era que cada cinco segundos, el teléfono móvil vibraba sobre la mesa, y cada cinco segundos, Ares bajaba la vista para revisarlo.Baltazar no era precisamente un hombre observador en lo cotidiano, no lo creía necesario… pero con su hermano menor, no necesitaba esfuerzo, lo conocía demasiado bien.Era casi ridículo, pensó el retirado asesino Shofar, porque estaba ante una escena que nunca creyó ver, el gran magnate de la construcción, el hombre que había esperado años por Pilar, que la había amado en silencio, que había llenado una habitación de su mansión con fotos
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