Esteban se llevó ambas manos al cabello, entrelazando los dedos con fuerza, como si necesitara aferrarse a algo para no perder la cordura. Sus ojos se cerraron por un segundo, una breve sombra de incredulidad cruzó por su rostro, a simple vista, aquel gesto podía confundirse con desconcierto, con la reacción de un hombre que acaba de recibir una noticia devastadora y no sabe cómo procesarla.
Daniel, aferrado a esa ilusión, creyó exactamente eso, interpretó aquel reflejo como un síntoma de que E