FaddeiLos problemas continuaron todo el fin de semana, Sandro es un hueso duro de roer, fuimos emboscado y aunque los matamos a todos la herida de mi costado me recuerda que aun puedo sangrar.No digo nada cuando entramos a la villa. El dolor está ahí, constante e insistente, pero lo ignoro. Vicenzo maldice por teléfono al doctor, pero yo cierro los ojos en total calma, he sentido cosas peores.Al bajar del auto me sujetan, aun así, comienzo a sangrar más, el olor ferroso me asquea, apenas avanzamos hasta las escaleras, aparece ella y su voz agitada me hace mirarla a los ojos. —¿Qué pasó? —pregunta, pero nadie responde, nadie tiene orden de dirigirle la palabra, baja hasta mi lado sorprendiéndome, no grita aterrorizada, ni llora. —No es grave, mariposa, vuelve a tu habitación. —Pese a mi orden me desafía. —No lo haré. —Me sujeta y comienza la discusión, entre mis hombres, Vicenzo y ella, incluso ordena con una autoridad que los deja en silencio y sin más opción que obedecerla. Su
Leer más