BIANCAHan venido todos a despedirnos, como si fuéramos a irnos por meses, cuando en realidad solo serán unas semanas. El terminal privado del aeropuerto está lleno de voces, risas y movimiento. A través de los grandes ventanales se puede ver nuestro jet esperando en la pista. Hay algo cálido en ese pequeño caos, en esa forma que tienen todos de exagerar las despedidas, como si el mundo fuera a acabarse mientras estamos lejos.Francis habla con Adrián apartados. Ambos tienen esa postura relajada que adoptan cuando conversan entre hombres, con los brazos cruzados y media sonrisa en el rostro.Rosita, en cambio, está visiblemente nerviosa. No deja de acomodarse las manos ni de mirar alrededor con cierta timidez. Es la primera vez que viajará tan lejos, y ahora es oficialmente la niñera de Austin. Confío plenamente en ella, y vendrá con nosotros para cuidar de nuestro hijo durante el viaje. Cada tanto mira a Austin, como si quisiera asegurarse de que todo está bien, y eso me hace sonreír
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