ADRIAN
Estamos tendidos en una cama de playa, bajo el cielo abierto.
La noche es perfecta. El sonido del mar rompe suavemente contra la orilla, la brisa es tibia, y sobre nosotros, el cielo se extiende infinito, salpicado de estrellas.
Acomodo un mechón de su cabello tras su oreja, observándola con calma.
Solicité esta suite con cada detalle pensado. Privada. Aislada. No quiero interrupciones, nI distracciones. Esta noche es para nosotros… solo para nosotros.
—Espérame aquí, voy y vuelvo —dice,