ADRÍANDespierto con un dolor insoportable en la cabeza. Me palpita como si me hubieran partido el cráneo a golpes. Respiro y el aire me raspa la garganta, seco, sucio, con ese olor a metal y humedad que solo existe en lugares donde nadie debería estar.Intento moverme por instinto.Y el tirón me lo recuerda todo de golpe.Estoy esposado.Mis muñecas están sujetas a los brazos de una silla, el metal clavándose en la piel. Forcejeo, pero solo consigo que las esposas se aprieten más, cortándome la circulación. Un paño cubre mi visión, apretado, áspero, como si quisieran borrarme el mundo y dejarme únicamente con el miedo.Maldición.Tenía la mejor seguridad. Tenía perímetro, hombres armados, cámaras, vigilancia. Había convertido el hospital en una fortaleza. Y aun así… volaron el maldito sistema como si fuera papel.Escucho pasos.Lentos.Cercanos.Después, una mano tira del paño y la venda desaparece de golpe.Parpadeo, cegado por la luz. Un foco colgante me apunta directo al rostro, c
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