ADRIÁN
Me siento nervioso.
Más de lo que imaginé.
Sostengo la mano de Bianca mientras avanzamos hacia el lugar que reservé. El personal del resort nos guía por un sendero de arena iluminado por pequeñas luces cálidas que marcan el camino hasta la playa.
Al llegar, el paisaje se abre frente a nosotros.
Un pequeño mirador sobre la arena, con una mesa preparada para dos. La brisa marina acaricia suavemente el ambiente y el sonido constante de las olas crea una calma difícil de describir.
Todo está