Melissa bajó del coche y miró la universidad, que más parecía un palacio real. Al cruzar los portones de hierro forjado, se sintió pequeña ante la imponencia de las torres de piedra clara, esculpidas con detalles minuciosos que contaban siglos de tradición y excelencia educativa.
Los jardines perfectamente alineados se extendían por caminos de mármol, donde fuentes de agua reflejaban el cielo y el movimiento tranquilo de los estudiantes, todos inmersos en un ambiente que respiraba conocimiento