La villa de Vincenzo no dormía como Venecia… No había agua susurrando contra los muros ni luces temblando sobre los canales. Allí, el silencio era más rígido, más limpio, más… vigilado… Como si el ruido fuera algo que debía eliminarse antes de siquiera existir.Valentina lo sintió desde el primer momento en que cruzaron el umbral de mármol blanco una vez más. El eco de sus pasos eran silenciados por las paredes altas y los tapices viejos. La habitación que les habían asignado era amplia, impecable, decorada en tonos neutros, beige, gris perla, crema, que no incomodaban… pero tampoco decían nada.Una cama demasiado perfecta. Un escritorio vacío. Dos butacas enfrentadas como si esperaran una conversación que nunca iba a ocurrir.A un lado, una puerta comunicaba con la habitación de Matteo.Sobre la mesita de noche, un jarrón con flores blancas, las favoritas de Valentina, eran Lirios, el aroma dulce llenaba el aire.Valentina lo odió al instante, sabía que hay otras intenciones con las
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