La habitación estaba en silencio cuando Naven Fort entró.Cerró la puerta con suavidad, pero su presencia llenó el espacio de inmediato. Alto, firme, con esa misma aura de autoridad que compartía con su hermano, aunque su temperamento era distinto: más directo, más frío.Axel estaba recostado, con el semblante más recuperado que el día anterior, pero aún evidente el desgaste físico.—Te ves menos muerto —comentó Naven, tomando asiento frente a la cama.Axel alzó una ceja.—Siempre tan sensible.Naven lo observó con detenimiento, asegurándose de que su hermano realmente estuviera estable.—Andrea será procesada formalmente hoy —informó sin rodeos—. Si quieres, puedo tomar las riendas de esto.Axel lo miró fijamente.—No.Naven frunció ligeramente el ceño.—Axel.—Lo haré yo mismo.La respuesta fue firme. No había espacio para discusión.Naven lo estudió en silencio unos segundos.—¿Estás bien?Axel sostuvo su mirada.—De salud… sí.La pausa fue pequeña, pero significativa.Naven inclin
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