La música del salón de la gala había cambiado a un tono más lento, envolvente y elegante. Las luces se suavizaron, y los invitados comenzaron a moverse con delicadeza, dejando que sus cuerpos se unieran al ritmo de la melodía. Axel Fort tomó la mano de Catalina, mirándola con esa intensidad que hacía temblar incluso a los más seguros. —¿Bailamos? —preguntó él con un suave murmullo, mientras acercaba su rostro al suyo. Catalina sonrió, apoyando una mano sobre el pecho de Axel y dejando que él la guiara con suavidad. Su vientre, ahora de siete meses, era apenas perceptible bajo el vestido azul que abrazaba su figura, y cada movimiento delicado estaba lleno de ternura y cuidado. —Con cuidado —dijo ella, entre risas nerviosas—. No quiero que nuestro pequeño se asuste. —Tranquila —respondió Axel, acomodándola con su brazo detrás de su espalda, protegiéndola y sosteniéndola—. Ningún paso en falso será demasiado para ti. Mientras giraban por la pista de baile, las miradas de los pr
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