CAPÍTULO — No sos mi doctora
El último recreo del año siempre era más ruidoso. Ya habían pasado otros dos años desde que Cristian comenzó a luchar contra el estrabismo, y había algo en diciembre que hacía que los niños corrieran más fuerte y gritaran más alto, como si quisieran gastar toda la energía antes de las vacaciones.
Cristian seguía sin correr demasiado porque, cuando lo hacía, todavía se caía con facilidad.
Estaba sentado en el banco de siempre, con la guitarra apoyada sobre una rodi