Capítulo 12A la mañana siguiente, María se despertó temprano, sintiéndose renovada. Se tomó una ducha larga, dejando que el agua tibia aliviara las tensiones de su cuerpo. Al mirarse en el espejo, notó que sus heridas ya estaban cicatrizando bien. Con cuidado, se quitó los apósitos, satisfecha al ver que la piel, aunque todavía sensible, parecía saludable.Se vistió con sencillez y bajó a la cocina, donde el aroma de café recién hecho y pan recién horneado llenaba el aire. Al entrar, vio a Hugo sentado a la mesa, tomando café y leyendo un periódico arrugado.— Buenos días —saludó ella, con una sonrisa tímida.Hugo alzó la vista y le devolvió la sonrisa.— Buenos días, señora —dijo él, con simpatía—. Venga a desayunar.Elza, que estaba arreglando la mesa, se volvió hacia María, animada:— El señor Fonseca tuvo un problema con el ganado temprano y no pudo venir a llevarla al médico. —Acomodó el mantel mientras hablaba—. El doctor llamó para avisar que el examen está confirmado, así que
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