Capítulo 23Después del almuerzo, la casa volvió a su silencio natural. Los muchachos regresaron al trabajo, Elza se retiró a cuidar de su sobrina con el dedo vendado, y Alexandre subió con María al dormitorio con el pretexto de descansar un poco.Nada más entrar, cerró la puerta despacio y se acercó por detrás, rodeándola por la cintura. María se volvió y lo miró con esa mirada dulce, curiosa, como si aún estuviera descubriéndolo todo, incluso lo que sentía por él.— Me gustó verte cocinar… parecías tan en casa — murmuró él, rozando sus labios con los de ella.— Me sentí en casa — respondió, pasando los brazos alrededor de su cuello.El beso llegó sin prisa, con la intensidad de quien quería guardar cada segundo. Alexandre la guió hasta la cama, acostándose con ella lentamente. Besaba su cuello, sus manos, su cintura como si quisiera memorizar cada parte.María sentía un calor diferente dentro de sí. No era solo deseo, era confianza. Era paz. Y al mismo tiempo, un huracán silencioso
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