Capítulo 14

Capítulo 14

Por la noche, la granja estaba silenciosa, excepto por el suave sonido de los grillos y el susurro de la brisa entre los árboles. María se sentó en el porche con una manta fina sobre los hombros. Alejandro apareció poco después, llevando dos tazas humeantes de té.

— Te traje una —dijo, ofreciéndole una taza.

— Gracias —ella sonrió, aceptándola.

Se sentaron uno al lado del otro, en el banco de madera. Durante unos minutos, simplemente observaron la oscuridad que rodeaba la granja, escuchando el silencio cómodo que nacía entre ellos.

Fue María quien rompió el silencio:

— El médico dijo que la pérdida de memoria es temporal —dijo, con una sonrisa leve, pero insegura—. Dijo que debo concentrarme en vivir con normalidad. Con el tiempo, los recuerdos volverán.

Alejandro se volvió para mirarla, la mirada atenta.

— Me alegra oír eso. Ya has mejorado mucho desde que llegaste aquí.

Ella miró su propia taza, pensativa.

— A veces... es extraño —confesó—. Me siento como en casa aquí, c
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