CAPÍTULO 71Llegué a la vieja casa de mi padre con el corazón acelerado. El lugar estaba abandonado, lleno de polvo, con las paredes húmedas y un silencio que me apretaba el alma. Caminé despacio por el pasillo, reconociendo cada rincón. Esa casa había sido mi refugio cuando era niña, pero ahora solo sentía frío, era inevitable no recordar a mi familia, mi vida en ese lugar.Samuel y la policía se movían por los alrededores, pero yo sabía que Santiago no iba a aparecer por la entrada principal, tenía que estar preparada para cualquier sorpresa.Di unos pasos más y escuché cómo una puerta se cerró detrás de mí. Me giré. Santiago estaba ahí, apoyado en el marco de la puerta, vestido de negro, mirándome con esa arrogancia que siempre lo caracterizo—Al fin sola —dijo con una sonrisa tranquila, el se sentía ganador, había puesto de rodillas a la ciudad —. Siempre tan rebelde, Paulina. ¿No podías simplemente regresar a mi lado y ser la esposa ideal?Me mantuve firme, aunque mis piernas tem
Leer más