CAPÍTULO 67 Edward me miró con esos ojos llenos de fuego y ternura. Sus manos bajaron por mi cuello, rozando mi piel. Me jalo más cerca, sentí su erección contra mi vientre. El peligro de afuera se desvaneció; solo existíamos nosotros.—Dios, Paulina… te he extrañado tanto —murmuró en mi oreja—. Quiero sentirte. Me besó de nuevo, su lengua invadio mi boca. Sus dedos me empezaron a desvestir.Él los miró con hambre, luego bajó la cabeza y tomó un pezón entre sus labios, chupando suave, luego con más fuerza. Un gemido se me escapó.—Edward… por favor… —jadeé, enredando mis dedos en su cabello.Él levantó la vista, sonriendo con picardía.—Quiero tu boca en mí, mi amor. No dudé. Me arrodillé frente a él, mis manos temblaban mientras le bajaba los pantalones. Su polla salio libre y dura, La tomé con una mano, acariciándola despacio, y miré hacia arriba para ver su rostro lleno de placer.—Joder, Paulina… sí, así… —gruñó, su voz ronca—. Mírame, Eres tan jodidamente hermosa.Abrí lo
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