GabrielEsto no ha terminado.La frase sale de mi boca baja, cargada, peligrosa, justo cuando los nudillos golpean la puerta de mi oficina y me obligo a separarme de Isabela.Su respiración sigue agitada. La mía también.Puedo sentirla aún contra mí, el eco de su cuerpo, el calor que dejó cuando la bajé de la mesa a regañadientes. Me cuesta un segundo recomponerme, acomodar la chaqueta, borrar de mi rostro lo que sé que se me nota: ganas, posesión, algo demasiado cercano a la felicidad.Y que es completamente nuevo para mí, lo que lo hace infinitamente aterrador, si tenemos en cuenta que suelo tener todo controlado.—Adelante —digo finalmente, con la voz más grave de lo normal.La puerta se abre y Margaret entra con una carpeta entre las manos.Se detiene en seco.Sus ojos pasan de Isabela a mí, y el rubor le sube de inmediato por el cuello.No tengo que dar un vistazo para notar lo que está viendo, porque tengo la imagen grabada en la mente.Y me importa una bledo lo que puedan pensa
Ler mais