116. APOSTANDO POR LA SERAFINA EQUIVOCADA
NARRADORA —¡Aah! —¡Cállate! —Kaden le rugió a la mujer que volvía a gritar, y ya lo estaba hartando. —Agarra a esa y salgan las dos del cuarto. ¡Ahora! —la orden cayó impetuosa, su aura explotando de golpe, y entonces Héctor lo reconoció.Joder, un lycan… y no cualquiera de ellos. Sentía el peso del linaje que controlaba a los hombres lobo. Un lycan de la casa real… el príncipe Aurelius.—Su… ¿su majestad…? ¿Qué significa esto? —Héctor al fin reaccionó, mirando de soslayo a la mujer que se marchaba arrastrando a la otra.Sus ojos astutos no veían directo a Kaden, sino a la ventana o a la puerta: una salida, porque todos sus sentidos le gritaban que estaba jodido.—Eso mismo quiero saber yo, Alfa de la Manada Montaña de Plata. ¡¿Qué significa que hayas ocultado un pasaje hacia la tierra de los Faes y pensabas vendérselo a otras razas?! —¡¿QUÉ?! —Héctor no comprendía de qué hablaba, por mucho que preguntara. —¡Soy inocente, me están inculpando! —su mente, buscando respuestas, de r
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