119. LA MENTE MAESTRA
KADEN
Ágata hizo una pausa y continuó:
«Ahora comprendo que nada fue casualidad: que ella tenía el poder suficiente como para que alguien le alertara si me veía en alguna de las manadas de este reino.
Me puse feliz de escuchar que se había casado con un buen hombre y todo se había encaminado en su vida.
Confesó que su padre murió, pero después de mi ayuda su vida fue a mejor… no imaginaba cuánto mejor y todo lo que había hecho con mi pócima…
Lo peor es que volví a caer en su carita de inocencia