118. HASTA UNA MUJER SABIA...SE EQUIVOCA
KADEN
Agarré un pantalón que había colgado en la baranda de madera.
Ágata seguía concentrada en su tejido, pero se notaba la tensión en las puntadas.
Dando un salto para acabar de subirme el pantalón y cerrarlo, caminé hasta la ventana.
¿Le habría pasado algo a Bella?
De repente, esa posibilidad me preocupó.
—Ella está bien, déjala descansar —me habló, y un suspiro escapó de mi boca al ver a mi mate durmiendo tranquila en la cama.
—¿Acaso nunca duermes? ¿Qué eres, una lechuza? —bufé, acercándom