La tarde había caído sin sobresaltos aparentes.Luciano llegó al colegio a la hora habitual, con esa puntualidad que se había vuelto casi un ritual desde que decidieron no dejar más detalles al azar. Observó el lugar con atención, como siempre. Padres conversando, niños corriendo, profesores organizando la salida. Nada fuera de lo común.Mateo apareció entre el grupo, mochila colgada de un hombro, caminando con esa mezcla de seriedad y ligereza que lo caracterizaba. Cuando vio a su papá, levantó la mano y sonrió.Luciano sintió, como cada vez, ese alivio profundo que solo llegaba cuando lo tenía frente a él, sano, entero, real.No hablaron demasiado en el trayecto de regreso. Mateo iba mirando por la ventana, distraído, mientras Luciano conducía con la mente dividida entre la carretera y pensamientos que no lograban ordenarse del todo.Había algo en el aire.No peligro inmediato, no una alarma concreta.Pero sí una tensión persistente, como una cuerda estirada demasiado tiempo.Al lle
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