El niño levantó la cabeza al oír su voz, sus ojos brillando con una esperanza que se mezclaba con el dolor.—¡Bianca! —exclamó, pero su tono carecía de la alegría usual.Ella se agachó para estar a su altura, sintiendo que las palabras se atascaban en su garganta.—Lo siento tanto, Leo. —Susurró, tomando sus pequeñas manos entre las suyas—. Quise llegar a tiempo, pero…—Estabas con Oscar, ¿verdad? —Leo interrumpió, su voz temblorosa.Bianca asintió, sin saber cómo explicarle la situación.—Sí, cariño. Estaba cuidando a Oscar. Pero eso no significa que no quiera estar aquí contigo. —Dijo, tratando de que comprendiera—. Lo siento mucho.Leo la miró, sus ojos llenos de una madurez que no le correspondía.—Está bien. Yo solo quería que vinieras, pero sé que Oscar te necesita más.Bianca sintió que su corazón se rompía un poco más al oír esas palabras. Leo, tan pequeño, ya entendía la importancia de sacrificarse por los demás. Lo abrazó con fuerza, deseando poder estar en dos lugares a la
Leer más