El niño levantó la cabeza al oír su voz, sus ojos brillando con una esperanza que se mezclaba con el dolor.
—¡Bianca! —exclamó, pero su tono carecía de la alegría usual.
Ella se agachó para estar a su altura, sintiendo que las palabras se atascaban en su garganta.
—Lo siento tanto, Leo. —Susurró, tomando sus pequeñas manos entre las suyas—. Quise llegar a tiempo, pero…
—Estabas con Oscar, ¿verdad? —Leo interrumpió, su voz temblorosa.
Bianca asintió, sin saber cómo explicarle la situación.
—Sí,