—¿Te hace daño?— los ojos de Bianca se abrieron con fuerza y negó con pánico.—¡Mi papá jamás me haría daño!—. Y eso era verdad, Bianca era la única hija de aquel matrimonio, decir que creció siendo la niña más mimada de la historia era poco.Liam se acercó a ella, obligándola a retroceder intimidada, sin embargo, la puerta que había cerrado después de entrar se cruzó en su camino. No tenía escapatoria.—¿Te trata bien?—Susurró de forma ronca cerca de su rostro, demasiado cerca de su rostro. Sólo se necesitaba unos centímetros para que sus cuerpos colisionaran con fuerza, para que se besaran. Bianca desvió la mirada.—Es el mejor papá que pude haber tenido—. Liam quiso azotar su cabeza contra la pared pero hizo algo mejor, la altura le permitía ver por la blusa de Bianca hacía abajo y no había nada.No habían heridas, no habían chupones, solo una piel tersa y algo que parecía ser un tatuaje en medio de esos hermosos senos cubiertos por su sostén blanco.Y quería besarla con tantas ans
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