—No quiero, es mío.
—¡También es mío! Yo te hice y tú lo hiciste a él.
—¡P-pero mamá!
—Liam madura, Leo quiere ir.
De mala gana el pelinegro miró a su hijo a quien le brillaban los ojitos de la emoción.
—P-pero ¿por cuanto?
—Vamos, no es tan malo.—Trató de reconfortar mientras Liam hacía un berrinche.
—P-pero lo extraño.
—Podrías haberlos acompañado.
El pelinegro negó mientras golpeaba el suelo con su pie igual que un niño pequeño.
—Mamá no me dejaría— volvió a quejarse antes de lanzarse al sil