—No quiero, es mío.
—¡También es mío! Yo te hice y tú lo hiciste a él.
—¡P-pero mamá!
—Liam madura, Leo quiere ir.
De mala gana el pelinegro miró a su hijo a quien le brillaban los ojitos de la emoción.
—P-pero ¿por cuanto?
—Vamos, no es tan malo.—Trató de reconfortar mientras Liam hacía un berrinche.
—P-pero lo extraño.
—Podrías haberlos acompañado.
El pelinegro negó mientras golpeaba el suelo con su pie igual que un niño pequeño.
—Mamá no me dejaría— volvió a quejarse antes de lanzarse al sillón, quedando recostado boca abajo mientras un brazo le colgaba—Quiero a mi hijo~, Leo te extraño~
Bianca rió entre dientes antes de acercarse al sillón. Nuevamente era sábado pero este definitivamente sería distinto.
—La odio tanto, quiere robar a mi hijo…
La chica quedó arrodillada a su lado y acarició un poco su cabeza.
Ambos se sonrojaron.
—P-perdón…—murmuró mientras retiraba su mano, regañándose por ser tan cariñosa, pero Liam detuvo sus movimientos, terminando por envolverla con su propia