Groenlandia es el lugar perfecto para un sacrificio: frío, aislado, y tan lejos de la civilización que tus gritos no importan.Diego Valentín Cortés lo supo a las 7:34 de la mañana, cuando el helicóptero Sikorsky S-92 de Marcus Tang atravesó la última capa de nubes sobre el Mediterráneo y el sol golpeó el interior de la cabina con la violencia de quien ilumina un matadero. La luz rebotó contra las manchas de sangre en el piso de metal, contra los rostros exhaustos de los sobrevivientes, contra el vendaje improvisado en el hombro de Marcus que ya estaba empapado de rojo oscuro.Diecisiete hombres muertos en Villa La Meridiana. Ochenta y uno del lado de Ashford. Ratio de cinco a uno, como había dicho Diego. Pero los números nunca consolaban a las viudas.Marcus estaba recostado contra la pared de la cabina, con los ojos cerrados pero la mandíbula tensa. Valentina le h
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