El peligro más letal no viene de ejércitos ni explosiones, sino de la persona que tu hijo deja entrar porque tiene rostro familiar.Marcus Tang lo supo ocho horas demasiado tarde, cuando el teléfono satelital vibró en su mano dentro del helicóptero que atravesaba el espacio aéreo francés a las 7:12 de la mañana, y la voz de su jefe de seguridad en Marsella pronunció las palabras que destruyen a cualquier padre: "Señor Tang. Hermann ha desaparecido."Pero la historia había comenzado mucho antes, en la oscuridad de la noche anterior. MARSELLA, FRANCIA22:00 HORAS – 8 HORAS ANTESLa casa segura de Marcus Tang en el distrito de Le Panier no parecía segura en absoluto. Parecía una residencia burguesa normal, con fachada de piedra del siglo XVIII, ventanas con contraventanas azules, y macetas de lavanda flanqueando la puerta principal. Exactamente
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