AMBER PIERCE—Está vivo… —susurró Anthony a regañadientes mientras los ojos se me llenaban de lágrimas—. Me torturó cada día, me hizo rogar por la muerte, pero aquí sigo, pese a todos sus intentos, pese a tu odio y su maldad. »Él sigue vivo, Amber, y se encargó de hacerme odiar la vida. —Levantó el abrigo que portaba, el mismo que me había quitado y había roto al ponérselo, mostrándome como su pierna apenas se mantenía unida al resto de su cuerpo por unos trozos de carne podrida. La repulsión me hizo girar el rostro en otra dirección—. ¡Mírame! ¡Mira lo que soy! ¡Mira lo que hizo Byron conmigo!»Ya no quiero vivir, Amber, no así, no de esta forma. No tengo nada. Ni siquiera nombre. Estoy muerto. Byron me quitó todo, me mató en vida, repartió mis riquezas y me arrancó la dignidad —dijo con voz rota, llorando, dejando caer pesadas lágrimas por sus mejillas—, pero… ¿sabes algo? Me iré a mi forma. Se movió en el reducido espacio, usando esa pala como muleta, apilando galones de combusti
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