Tan pronto como cruza las puertas del centro de reclusión y sale de este, Kirsteen puede sentir como el aire frío golpea el rostro. Apenas si alcanza a bajar unos cinco escalones antes de detenerse, al quedarse quieta, se toma el tiempo necesario para respirar lentamente, intentando sacar de su cabeza eco de los gritos de Johanna que insisten en resonar dentro de su cabeza. Aunque sus manos permanecen dentro de su bolsillo, puede sentir como estas están heladas y no es algo que tenga que ver con el frío de ese día. Su pecho, también se siente demasiado tenso después de todo lo ocurrido.Cuando se siente un poco más en calma, retoma su caminar y termina de bajar los escalones y apresura su paso hacia el estacionamiento, una vez que cruza la esquina del edificio, es que lo ve.Ian está de pie frente a ella, apoyado contra el capó del auto, esperándola en silencio. Lleva las mangas del abrigo oscuras ligeramente remangadas y los brazos cruzados sobre el pecho, pero en cuanto sus ojos en
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