Al igual que el resto del reclusorio, la sala de reuniones privada es extremadamente pequeña. Tal vez por esa razón, es que Johanna siente como las paredes grises parecen cerrarse en torno a ella, una sensación que no hace más que empeorar y volverse mucho más aprensiva debido al constante zumbido qué proviene de la lámpara sobre su cabeza, mismo que le perfora lentamente la paciencia. El olor a desinfectante barato y humedad también le resultan insoportables, completamente indigno de alguien c