Mercy salió del supermercado cargando dos bolsas de compras. Cuando estaba a punto de subirse al auto, sonó el celular. Lo tenía dentro del bolso y, pensando que quizá fuera su prometido, abrió el auto, dejó caer las bolsas en el asiento trasero y sacó el celular. Sin revisar quién llamaba, contestó.—Sí, amor —dijo.—Ah, disculpe, pero ¿hablo con Mercy McKnight? —preguntó la persona al otro lado.El corazón se le detuvo. Se asustó, así que respondió:—Sí, soy yo. ¿Con quién hablo?—Soy Jasmine George, de Wyndham Holdings. Llamo para preguntarle si le interesaría unirse a nuestro equipo de auditoría.—¿Perdón? —preguntó, atónita.—El doctor Saheed la recomendó para el puesto —continuó Jasmine—. Sin embargo, si en este momento está ocupada con otros compromisos, lo entendemos.Mercy se apoyó contra el auto, con la cabeza hecha un caos.Era una auditora estratégica, preparada y competente. Pero por ahora era copropietaria de una pequeña firma de auditoría junto con su prometido. No era u
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