El doctor Matt administró con delicadeza un medicamento transparente por la vía intravenosa de Isla. Sus movimientos eran tranquilos, sin apuro, pero aun así a Isla la ponía nerviosa verlo trabajar. Cuando terminó, revisó otra vez sus signos vitales; sus ojos iban del monitor al portapapeles que tenía en la mano. Anotó algo rápido en la historia clínica y volvió a dejarla en su sitio, junto a la cama.Gabriel permanecía en silencio cerca de su esposa, mirándolo todo con plena concentración y la mirada preocupada. Apenas había dormido desde el incidente, e incluso ahora, cada pitido de las máquinas lo tensaba.—Si me promete portarse bien y no estresarse, tal vez la deje irse a casa hoy —dijo el doctor Matt con una sonrisa leve pero seria—. De lo contrario, seguiremos monitoreándola nosotros mismos.—Lo prometo —respondió Isla en voz baja. Su voz tembló un poco—. Me voy a cuidar. En serio.El doctor Matt asintió, satisfecho por ahora.—Muy bien, entonces voy a preparar los papeles del a
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