Y eso fue todo. Sus últimas palabras la rompieron. Ahora le pertenecía a él: cuerpo, alma, todo. Había reclamado no solo su carne, sino también su corazón dolorido, y lo había sacado de las sombras donde ella lo escondía.La realidad la golpeó como una tormenta, las lágrimas se mezclaban con el sudor de su piel, su pecho apretado por un amor tan feroz que la aterraba. Ese mujeriego, esa bestia de hombre, se había apoderado de ella por entero, y en ese momento no le importaban los riesgos, ni el dolor que pudiera causarle. Era suya, sin reservas, y la idea encendió un fuego en sus venas que quemó toda duda.—Te amo —susurró, las palabras se le escaparon de los labios como una confesión, cruda y temblorosa, su voz quebrándose bajo el peso de años de anhelo escondido.Se quedó inmóvil, rígido contra ella, paralizado por el asombro. Su miembro aún palpitaba dentro de ella, pero todo se detuvo, el aire denso de tensión.—¿Qué me dijiste, Betsy? —preguntó Ben, con la voz baja y un tono de in
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