—No sé cómo todo encajó tan a la perfección —admitió, con la voz quebrada por la tensión.
—En serio no lo sé —repitió—. Ella me invitó aquí. Y como todas las otras veces, quería que me acostara con ella. Y como todas las otras veces, gimió un apodo. —Negó con la cabeza, sin saber qué hacer—. Te lo juro, todo era una actuación suya. Yo ni siquiera sabía que ella estaba fingiendo que yo era tú.
La habitación palpitaba de tensión y costaba respirar. Los ojos de Gabriel se clavaron en Carl, buscando