Frente a Kallias se alzaban unas puertas inmensas, blancas, adornadas con relieves en oro y plata que resplandecían bajo la luz de las lámparas. Eran tan altas que parecían rozar el cielo de piedra.Delante de esas puertas, Kallias distinguió a Orion, Iliana y Evanik. Vestían con impecable cuidado, sus prendas una mezcla de formalidad y juventud: chaquetas de corte militar estilizadas, adornadas con discretos bordados, y pantalones ajustados que daban un aire de uniformidad sin perder la naturalidad. Iliana, por otro lado y sin lucir menos, mantenía su figura en un hermoso vestido rojo oscuro como la sangre derramada en un torneo de lucha y un par de tacones altos de color negro.Los tres, serios pero atentos, enderezaron la espalda al verlo llegar.Kallias se acercó con un ligero gesto de alivio, y al llegar a su lado los saludó en voz baja.—Vëran veythar, miar enna.Orion pestañeó lentamente y Evanik abrió los labios como un pez fuera del agua, siendo consolado por Iliana y su risa
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