Capítulo 13: Al crepúsculo.
El crepúsculo apenas teñía de dorado las cornisas de Astraria cuando Kallias inclinó la pluma sobre el pergamino. La tinta, oscura y firme, trazaba cada palabras con toque reverencial. Su caligrafía era pulcra, solemne, como si cada letra cargara el peso de su sangre y de su nombre.
Las frases corrían con una cadencia íntima, llevando en ellas un pedazo de su tierra y de sí mismo. No hablaba de política ni de alianzas, sino de nostalgia: de los cielos abiertos de Graland, del viento que olía a