Esa misma tarde, después de pasar por su antigua casa y recoger las pocas pertenencias que les quedaban, Arquímedes se dirigió junto a Miguel a la casa de Jeremías. Una vez que llegaron a la casa, Miguel quedó sorprendido. Nunca antes había estado en un lugar tan lujoso y cómodo como aquella. Comparada con la pensión de Doña Marta y la pequeña vivienda que acababan de dejar, aquel lugar era como una mansión para él. Todo era demasiado amplio: la sala, la cocina, las habitaciones.Arquímedes le mostró una de las habitaciones de la planta baja. Pensando en la condición de su hijo decidió que lo mejor era que ambos se quedaran allí. Ocupó el cuarto contiguo al de Miguel, para poder estar cerca de él en caso de que lo necesitara.Miguel observó el espacio con asombro. Por primera vez en su vida tendría su propio cuarto. Durante años había compartido la misma habitación con su padre, incluso la misma cama. No había conocido la privacidad, ni el silencio que ahora lo rodeaba.Ahora, por pr
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