Capítulo 39. Llegada repentina.
Ares Valerián observó la escena desde la puerta de su biblioteca con una mezcla de respeto y preocupación.—Si vas a ir a la guerra, Eris —dijo, rompiendo el silencio cargado de electricidad—, no puedes ir vestida para un funeral informal. Necesitas armadura.Lyanna asintió inmediatamente, entendiendo a qué se refería su marido.—Ven conmigo —le dijo a Eris, tomándola de la mano—. Tienes cinco minutos. Silas tiene que hacer unas llamadas de seguridad.Eris miró a Silas. Él estaba al teléfono de nuevo, dando órdenes cortantes a Kovacs para que preparara el perímetro de Hawk Tower. Asintió levemente hacia ella, dándole permiso, no es que lo necesitara, para prepararse, sino para que estuviera tranquila porque él la esperaría.Diez minutos después, cuando Eris bajó las escaleras de la mansión, ya no parecía la chica asustada que temía una orden de detención.Lyanna le había prestado un traje de chaqueta blanco impecable, de corte afilado, que le quedaba sorprendentemente bien. Llevaba un
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