Capítulo 36. No estaría sola.
El reloj digital en forma de LEGO de la mesita de noche marcaba las 03:14 AM.
La habitación de Eris en la mansión Valerián solía ser su santuario, un espacio cálido lleno de libros desordenados, bocetos pegados en las paredes y juguetes que Harry dejaba olvidados. Pero esa noche, se sentía como una celda de espera.
Eris se giró en su propia cama, enredándose en las sábanas de franela que conocía de memoria, incapaz de apagar su cerebro.
Cada vez que cerraba los ojos, veía a policías tocando a