De repente, ella sintió que una mirada penetrante la atravesaba por completo. Le había dicho a Sid que Alexander no tenía tiempo para asistir, lo que implicaba que al menos se lo había mencionado. Aquella explicación no había sido más que una excusa improvisada.Si Alexander afirmaba que ella nunca le había dicho nada, Sid sabría que había mentido.«Olvídalo. Si se descubre, que así sea», pensó.Después de todo, tanto ella como Sid sabían que muchas de sus palabras eran solo apariencias.Justo cuando Maya bajaba la mirada, escuchó la voz baja e intimidante de Alexander.—Quería darle una sorpresa.Maya se quedó atónita. Alzó la vista y se encontró directamente con sus ojos oscuros.Alexander no había hablado por descuido. Después de todo, era él. ¿Cómo iba a pasar por alto una mentira tan evidente?—Y una cosa más —añadió con frialdad—. No estás en posición de culparla.Al pronunciar esas palabras, la presión en el ambiente aumentó de inmediato.Aunque su mirada estaba fija en Maya, S
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