Maya reunió todas sus fuerzas para formular una pregunta:
—¿Cuántas veces la tocaste?
—Solo dos veces —respondió Sid sin ocultarlo, pues sabía que ella ya lo había descubierto.
Maya levantó el rostro bañado en lágrimas.
—Entonces… ¿me estás amenazando con ese video para que le pida a Alexander el derecho a desarrollar la región suroeste?
—Sí. No es complicado, ¿verdad? En cuanto consiga lo que quiero, borraré todos los videos. Si cooperas conmigo, los eliminaré por ti —dijo Sid sin el menor pud