Las cosas que debían suceder, tarde o temprano ocurrirían. ¿No era eso lo que ella quería?—¿Por qué me llamas?— preguntó Maya, con el rostro inexpresivo, fingiendo no sospechar nada.—Maya, ¿estás libre estos días? Tu tía Hilda dijo que podrías volver a casa a comer. ¡Toda la familia te da la bienvenida!— la voz alegre de Sid sonó al otro lado. —Te fuiste tan rápido del banquete que casi no pudimos hablar—.—Creo que no— respondió Maya con frialdad.—Maya, de verdad espero que vengas a vivir con nosotros——¿Para qué? Solo me sentiría fuera de lugar. No quiero— se negó sin dudar.Al oír la negativa, Sid se mostró más insistente. Si ella hubiera aceptado enseguida, él habría desconfiado.—Maya, sé que ahora no tienes dónde vivir. No es bueno que sigas en el apartamento de la señora Fine. Además, Alexander no te deja vivir en Parkgrove Mansion. Si realmente le importaras, te habría llevado allí, ¿no? Es más apropiado que vivas conmigo.Maya pensó con frialdad: «No es que Alexander no me
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