Estamos sentados en el jardín de la casa con Esteban, el acaricia mi vientre, tratando de sentir a los gemelos, pero no puede hacerlo porque mis hijos simplemente no se mueven.—Hasta yo misma tengo problemas para hacer que se muevan, pero tanto mi padre como… él, no tienen ni un problema.—¿Has visto a Ángello de nuevo? —me pregunta serio.—Sí, ha venido todos los días. Sólo habla con los bebés, me pregunta si necesito algo y luego se va. Además, me pidió ir al siguiente ultrasonido, quiere verlos.—No me gusta, creo que deberías hablar con él, para que no venga tan seguido —lo veo con los ojos abiertos, considerando que él fue quien abrió la boca—. ¡Es mentira! No te puedo negar que me pone muy celoso, pero me gusta saber que él estará presente en la vida de sus hijos.—Esteban… no te contengas por favor, dime lo que en verdad sientes.—Ya te lo dije, celos. Pero no puedo hacer nada contra eso. Además, soy yo quien estará contigo en el altar en tres semanas, ¿verdad?—Por supuesto —
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