Por la noche, tal como había prometido, Cassio pasó por el apartamento de Malu solo para recogerla y salir a cenar.Mientras Malu se arreglaba, él esperaba en la sala, jugueteando con su reloj, inquieto, claramente ansioso por contar cómo había terminado el almuerzo.Desde el cuarto, la voz de ella se escuchó:—¿Tenemos código de vestimenta hoy?—Puedes ponerte lo que quieras —respondió él, sin pensarlo dos veces.Malu abrió apenas la puerta, aún envuelta en la toalla, solo para echar un vistazo.Cassio estaba sentado en el sofá, pero su apariencia era digna de una reunión de accionistas en Dubái: camisa azul marino con las mangas dobladas hasta los antebrazos, reloj caro, pantalón de sastrería impecable, zapatos que reflejaban la luz de la lámpara.“Formal. Nada de vestidito floral hoy”, pensó.Abrió el armario y sacó un vestido terracota que abrazaba su cuerpo, ajustado hasta la cintura, cayendo firme hasta las rodillas y, de repente, abriéndose en una abertura lateral que dejaba ve
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