Ren caminaba sin rumbo.El agua caía sobre su rostro, mezclándose con las lágrimas que no podía contener.Cada paso le dolía más que el anterior.—¿Por qué… por qué siempre tiene que ser así? —murmuró, sin saber si se refería a Hyeon, a Thiago, oa sí mismo.Se detuvo frente a un cruce de calles, empapado, temblando, con el puño apretado contra el pecho.Podía sentir el débil latido en su abdomen, ese calor misterioso que lo había acompañado desde la mañana.Era suave… sentía nostalgia.Como si algo dentro de él le susurrara que no estaba solo.—Quiero… que todo esté bien —susurró al aire, hablando consigo mismo.A lo lejos, entre la multitud y la lluvia, Hyeon lo buscaba desesperado.Y desde la ventana del motel, Thiago observaba la escena con una sonrisa satisfecha.—Caíste, Hyeon —murmuró, mientras cerraba la cortina—. Caíste justo donde quería.La lluvia seguía cayendo, cubriendo la ciudad con un manto gris.Pero en algún lugar, bajo esa tormenta, un lazo invisible seguía latiendo.
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