ReinaNo recordaba cómo había llegado allí, y, sinceramente, no estaba segura de querer recordarlo.Un momento estaba en el salón de baile, mirando el cuerpo en el suelo de mármol, y al siguiente me encontraba abriéndose paso entre pesadas puertas y tropezando hacia el balcón.Una ráfaga de aire frío me golpeó la cara, pero no fue suficiente. Me aferré a la barandilla, respirando por la nariz y esforzándome por calmarme, o al menos lo intenté, pero por mucho que lo intentara, no funcionaba.Mi pecho no se expandía correctamente. Cada inhalación se sentía superficial, como si mis pulmones hubieran olvidado cómo funcionar. Como si mi cuerpo hubiera olvidado cómo funcionar y mis órganos estuvieran colapsando desde dentro.«Murió». Las palabras daban vueltas, implacables, en mi cabeza. «Murió porque habló. Murió por mi culpa».Cerré los ojos con fuerza, pero eso solo empeoró las cosas. Aún podía verlo: la espuma, la sangre, la forma en que su cuerpo se convulsionaba y cómo el sonido de la
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